
El arte de la momificación no nació de la nada ni se inventó en un solo día, existe un proceso largo en el tiempo que nos lleva desde el neolítico hasta las técnicas de momificación más avanzadas.
Una momia es el cuerpo de una persona (o animal) que se ha mantenido después de la muerte, normalmente, cuando mueren, las bacterias y otros gérmenes salen a comer los tejidos blandos (como la piel y los músculos), dejando sólo detrás los huesos.
Dado que las bacterias necesitan agua para crecer, la momificación normalmente ocurre si el cuerpo se seca rápidamente después de la muerte. El cuerpo puede ser tan bien conservados que podemos decir la forma en que la persona muerta vivió.
Los antiguos egipcios creían que la momificación del cuerpo de una persona después de la muerte es esencial para garantizar un paso seguro para el más allá.
Todo empezó por la causalidad. Los egipcios del neolítico enterraban a sus muertos bajo la arena del desierto, en lugares en donde no hubieran tierras fértiles que malgastar con enterramientos, en estas zonas desérticas y secas la arena y el clima actuaban como secantes naturales y absorbían todos los líquidos de lo enterrado.
Por casualidad, los egipcios observaron que las tumbas que los enterramientos que habían sido saqueados o excavados por animales carroñeros, contenían el cuerpo del difunto momificado de forma natural, pensaron entonces que enterrarlos de esa forma conservaba el cuerpo del difunto para la otra vida y empezaron a desarrollar sistemas para secar mejor y conservar los cuerpos para su momificación.
Para conservarlo en buen estado, utilizaron un procedimiento llamado momificación, que demandaba aproximadamente 70 días, y que había sido aprendido por la observación de los primeros entierros, realizado bajo las arenas del desierto, que habían consumido la humedad del cuerpo y evitado su putrefacción.
Consistía en extraer las partes corruptibles del cuerpo que se colocaban en jarras cerradas herméticamente, luego se cubría el cuerpo con natrón, un polvo blanco semejante a la sal, que permitía su secado, se lo untaba con aceites perfumados, cubriéndolo luego con resina líquida, así se lo dejaba durante 40 días, posteriormente se lo envolvía con lino, de manera apretada, pudiéndose utilizar hasta 375 m2 de lino por momia, cada vuelta del vendaje iba acompañada de una palabra mágica.
La momia era colocada en un sarcófago, caja que primero se hacía con arcilla o juncos entretejidos, y luego con madera, que tenía la forma de la momia que contenía y sobre el cuál se pintaba un retrato de la persona muerta, Contenía también ciertas indicaciones sobre la jerarquía o calidad que había tenido la persona en vida.
Por ejemplo, las sacerdotisas tenían su sarcófago identificado con tiras rojas. Además la tapa del sarcófago estaba decorada con símbolos de las divinidades.
El uso del sarcófago se justificaba ya que la idea de ser enterrados en la arena espantaba a los egipcios, esta modalidad permitía que el difunto estuviera protegido del mundo exterior, pero siguiera en contacto con él, a través de los ojos o de los oídos dibujados en el exterior de la caja.
Junto al cadáver se colocaba un ejemplar en papiro del “Libro de los Muertos”, con los preceptos y conjuros enigmáticos que había enseñado Isis, que permitían al difunto conjurar su posible condenación.
El entierro era costoso, habiendo según Heródoto tres tarifas en cuanto al embalsamamiento, siendo la última de caridad, pagándose lo que se podía.
Lo que más ha dado que hablar de la maldición fueron las muertes que se sucedieron tras la apertura de la tumba, el primero en morir fue Lord Carvanon. Un mosquito le picó en la mejilla, uno de tantos, unos días después se cortó afeitándose justo en el lugar en el que tenía la picadura, poco después moría tras una terrible agonía.
Una virulenta infección le había destrozado varios órganos y le había producido horrendas deformaciones físicas, la prensa se cebó con el hecho La leyenda estaba servida.
Tras Lord carvanon murió su hermano, que había participado en los trabajos de apertura de la tumba, sin que la ciencia pudiera explicar por qué murió fulminado en su hotel de El Cairo.
En poco tiempo también murieron el radiologista que hizo las primeras exploraciones a la momia, también de una muerte extraña e inexplicable, la secretaria de Carter, de un ataque al corazón y por esa afección también pereció un profesor, amigo de Carter, que había recorrido la tumba poco antes.
Las muertes parecían no cesar y aunque Carter lo atribuía en público a casualidades, en el foro mundial la maldición era la única culpable.
A mediados de la década de 1930 un total de 21 personas relacionadas con el hallazgo de la tumba habían muerto en circunstancias extrañas, el embrujo maligno pareció apaciguarse, pero resurgió su sombra misteriosa apenas 25 años después.
El director del Museo del Cairo en torno a los años sesenta, Muhammed Ibrahim intentó impedir que parte de los tesoros de la tumbasalieran del museo con destino a una exposición en París , Había tenido pesadillas que indicaban que si los objetos abandonaban Egipto él lo pagaría, presionado por el patronato del museo firmó la autorización del traslado y ese mismo día fue atropellado, y murió.
Más tarde, en 1972, también murió Gamal Ed-Din Mehrez, también director del museo. La noche siguiente de firmar otro traslado para una muestra en Londres y de haber afirmado que la maldición era una tontería falleció en su apartamento.
También fallecieron, en un período de unos pocos años todos los miembros de la tripulación del avión que trasladó los objetos funerarios.
La última actividad de la maldición se registró en los años ochenta, tras la grabación de la película La maldición del rey Tut, para la que se utilizaron objetos reales del faraón, el protagonista se despeño por un acantilado el primer día de grabación.
Mejor no ofender al faraón. ¿Quien sabe quién será el siguiente?